Tras semanas de permanecer prófugo de la justicia, Juan García Gómez por fin cayó preso y estaba en el lugar donde las autoridades menos se imaginaban… a solo unos cuantos metros de su cuartel.

Las personas que conocían a Juan y que se dieron cuenta de lo que hizo pensaban que ya se había regresado a México, pues dejaron de verlo de la noche a la mañana, pero cuán equivocados estaban.

A Juan, de 30 años, lo buscaban por la violación en primer grado de una pequeña inocente, su hijastra.

De acuerdo con el expediente de las autoridades de la ciudad de Portland, en Tennessee, el hombre se aprovechó de la confianza que la niña y su madre le tenían para burlarse de ambas.

Según la pesquisa, la primera ocasión que la menor fue abusada sexualmente tenía apenas seis años. Debido a su corta edad, la niña no supo reaccionar, así que permitió una y otra vez el ultraje.

 

No fue hasta noviembre del año pasado, es decir del 2020, cuando ya la niña tenía nueve años, que le expuso a su mamá la vejación a la cual había estado sometida los últimos tres años.

Afortunadamente, sin pensarlo dos veces, la madre de la niñita acudió inmediatamente a las autoridades correspondientes para efectuar la respectiva denuncia, como debe de ser y no como en otros casos que prefieren callar para no perder a su pareja o porque simplemente no creen en la versión que le cuentan sus propios hijos.

La mujer no hablaba nada de inglés, lo que inicialmente complicó la situación, pero cuando le pusieron a una persona para que le tradujera, finalmente pudo exponer lo que les estaba pasando.

La pequeña víctima, por su parte, sí pudo expresarse debidamente, así que la policía comenzó a indagar de inmediato.

Tras determinar que tenían suficientes pruebas para acusar a Juan, emitieron una orden de arresto en su contra, pero para entonces él ya se había dado cuenta de alguna forma y desapareció.

Los investigadores no lo encontraron en su trabajo y mucho menos en la casa donde vivían con la niña. Por ningún lado, prácticamente como que la tierra se lo había tragado.

Sin embargo, bien dicen por ahí que “a todo pavo se le llega su día” y pues el caso de Juan no fue la excepción.

Resulta que se le ocurrió pasar a echar gasolina a una estación que está a menos de un par de cuadras de distancia del recinto de la policía de Portland.

El policía reconoció su imagen de inmediato como uno de los más buscados en su estado y le exigió que se identificara.

Juan le entregó su pasaporte mexicano que estaba completamente limpio, sin ningún registro de entrada o salida del país. Tras corroborar que se trataba del sujeto que buscaban, lo apresó en el acto.

El teniente Jason Arnold aseguró a la prensa que, tras el primer interrogatorio, Juan confesó la mayoría de las acciones que la niña y su madre habían denunciado.

Juan se encuentra recluido en la cárcel del condado de Summer sin derecho a salir libre bajo fianza y la policía de Portland aseguró que para evitar que vaya a volver a delinquir, ya lo reportó con Inmigración para que lo deporten por ser indocumentado.

Por ende, terminada su condena, que puede ser de varias décadas en prisión, enfrentaría un proceso legal para ser expulsado del país.

“Estuvo prófugo por mucho tiempo, pero creemos que no cometió más delitos similares en ese trayecto. Quiso permanecer fuera de nuestro radar, pero finalmente lo aprendimos. En casos como estos los responsables se alejan o desaparecen usando otras identidades, pero él no lo hizo”, agregó el funcionario.

Cómo quisiera que la historia de la hijastra de Juan Gómez no se repitiera nunca más, pero estoy seguro de que es imposible.

De hecho, los expertos y las estadísticas indican que desgraciadamente todavía hay muchas víctimas inocentes sufriendo el calvario del abuso sexual por parte de un allegado, llámese padrastro, tío, primo, hermano, abuelo o incluso, duele decirlo, pero hasta del propio padre, algo que me cuesta entender, pues uno no engendra hijos para luego causarles daño, sino para protegerlos de todo mal.

FUENTE: MUNDO HISPÁNICO

Comenta